martes, 29 de marzo de 2011

infancia

Cántaros de leche fresca, cuentos de un viejo borracho que cantando nos contaba los cuentos de nuestros pasos, las aventuras que nunca llegaríamos a tener y el sinfín de devenires que habrían de suceder. Una fuente en una plaza repleta de remolinos de los cardos que volaban entre sapos y entre grillos. Una charca oscurecida con las aguas residuales y las tardes en las eras buscando qué sabe nadie. Caramelos que una vieja nos traía de su casa un quejido de algún perro recibiendo una patada. Añoranzas de un verano que pasaba en un suspiro, una mañana llegaba, un año que ya se ha ido, canciones de leña y viento, de cuando éramos niños, almuerzos de sentimientos y vivencias de suspiros.

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