Año nuevo, vida nueva,
calcetines de regalo
y brindis en nochevieja
y una peli para dos
y una cita sin cautelas
y una vida sin secuelas
y el nacer a un nuevo año
y la sensación tranquila
de conocernos de antaño
y el saber que este camino
es el camino elegido
y entre molinos de viento
y entre frías madrugadas,
enero se fue despidiendo
y con él nuestra vergüenza
de mostrar al mundo entero
de nuestro amor su gran fuerza.
Y dio paso al mes más corto,
al más largo de mi vida,
pasar de soltero y solo
a vivir en gran familia,
saco a Blas por la mañana,
acompaño a Pradete,
galletas para almorzar
y el bocata de Maquete
y la comida de cuatro
y las lecciones de inglés
y vivir entusiasmados
conociéndonos sin red
y el viaje por los volcanes
y el despertar de una vida
y sentir que nuestros planes
se van fusionando un día.
Y así llegamos a marzo,
entre regalos y besos,
un viaje solo al pasado
para regresar al pueblo
ya por fin acompañado,
en una tarde de soles,
reunir en un solo cuarto
juntos, por fin, mis amores.
Y fundir el hielo viejo
y renacer la esperanza
en un porvenir completo
en una familia exacta.
La primavera llegó
y con ella los vapores
que levanta el sol de abril
mientras revienta de flores
el campo que nos guió
en los paseos de pascua
ahuyentando el frío invierno
para coger con más ganas
el renacer de la vida,
símbolo de una alianza
que fusiona de un plumazo,
perro, niños, amor y calma.
Los días paren más horas
cuando llegamos a mayo,
San Isidro en una cuesta
y nosotros por sus campos,
pregonando al pueblo entero
la sencillez de una vida
que se teje sin esfuerzos,
cesto de mimbres de oro
adonde van en volandas
los sueños de los amores
y las tardes de bonanza.
Esas tardes sin deberes,
esas tardes de tibieza
que nos abren los balcones
del fin de la primavera.
Y como este experimento
fue tomando consistencia,
entre viajes y caminos,
entre Murcia y Lavapiés,
elegimos una fecha
para unirme con los tres.
Y sin tiempo que pensar
nos pusimos a sentir
el vértigo del andar
hacia una hora concreta
cuando el final del camino
abriera una nueva puerta,
el día en que nuestras almas
se fusionaran en una
para celebrar con ganas
bajo la luz de la luna.
Pero mientras eso llega,
aprovechamos el tiempo
de viajar entre costeras
carreterillas de ensueño
y paisajes de esplendor
y txirimiris y valles
y nubecillas de cuento
y comidas entre flores
y paseos entre mares
y disfrutar y sentir
y gozar de los detalles
de una tierra que sonríe
al paso de dos amantes
y que un día nos despide
sin mostrar ningún desarie.
Y después de tanto viaje
nos acercamos a ti,
Santiago, tú, peregrino,
a descansar de los días
pasados y por venir.
Y comenzamos agosto
entre dunas y entre olas,
sencilla gente sencilla
que pasea por tu costa.
Y los días transcurrieron
entre trabajos y risas
y el tic-tac del segundero
quería meternos prisa,
pero si tenemos tiempo
parecíamos decir
mientras las horas pasaban
cerca de San Agustín.
Y por fin nuestra semana,
una más en nuestro año,
llegó entre bromas y veras
y nos dimos el sí quiero
bajo la luz de las velas.
Y el viento se paró
y el ruidó se paró
y todo cuanto vivía
aguardó el instante exacto
en que a la luz de la luna,
entre amigos, nos casamos.
Y sin tiempo de pensar
y sin tiempo de vivir,
en el avión nos hallamos
y entre olivos y chaparros
el sol de Creta sorbimos.
Y comimos y bebimos
y reímos y amamos
y de Creta nos volvimos
ya como recién casados.
En octubre el otoño
que no quería llegar,
el colegio, el instituto,
la rutina del hogar
y los Santos, los buñuelos,
paseo de ida y vuelta
y a la vuelta de los sueños
nos encontramos la puerta
de la alegría más grande,
de la alegría más honda,
del saber que nuevos padres
seríamos a deshora.
Pero bendita deshora,
pero bendito destino
que nos tiene reservados
los caprichos que vivimos
y cuando menos esperas
y cuando menos lo piensas,
los sueños que no soñabas
por no tener esperanza,
se cumplen en un instante
volviendo a sentir la magia
de los días en que los sueños
lo eran todo en la vida
y vuelves a ser tan pequeño
como cuando entre caricias
esperabas que los Reyes
te renovaran la dicha.
Y henos aquí, tras un año
cargado de sensaciones
enzarzados en regalos
sonrisas y polvorones.
Un año que es un suspiro,
doce meses enlazados,
una vida en un segundo
y esto sólo ha comenzado.
Pues sí, tenías razón,
me has tocado en el amigo.
Tu marido, futuro padre
y el invisible testigo
de las compras invisibles,
de los regalos sin dueño
espero que lo disfrutes
de este tu marido eterno.
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