sábado, 30 de octubre de 2010

m.h.

Del sabor de la cebolla
crecimos tus hijos hueros
de un maestro que nos guíe
de un cantor que marque el tiempo
de los versos que se pierden,
de los versos que se fueron,
de las nanas que no duermen
a los niños que sufrieron
a los niños que lloraron
tus silencios y tus miedos,
la sombra de un tiempo gris,
el apagar de tu fuego,
el sentido sinsentir
la vigilia de tu etéreo
viento que del pueblo viene
viento que viene del pueblo
que nos lleva por las calles
de tu sentir y tu aliento;
que nos deja sin palabras,
que nos deja sin sonetos
que puedan librar las almas
de aquellos que libres fueron
y que sólo por pensar
ser libres, esclavos fueron
de un tiempo que no se acaba,
de un tiempo frío de cuervos
que censuran tus cebollas
tu leche agria y tus cuentos
y que tratan de matar
la luz brillante de anhelos
que brotaron de tu mente,
para decir en silencio
que los poetas no mueren
que los que mueren son ellos
que no puede morir quien dice
la verdad entre los muertos
entre rejas escondidas
entre cárceles de sueños
que nunca ahogan las ganas
de salir gritando, puedo
confesar que vivo
y que morir nunca muero.

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