Una fuente de amor y de cordura,
una cesta repleta de tus besos
y el sabor que me dan las aventuras
de saberme en tu alma prisionero.
El calor de la piel que me rodea,
la fuerza con que tiñes el momento
de sentirme de nuevo la quimera
que navega tu barco hasta mi puerto.
Y tus ojos sembrando mis razones,
y tu boca soñando besos nuevos
y la flor de sentir las ilusiones
agarradas al fondo de mi pecho.
Un goce de perpetuas primaveras,
una fantástica forma de estar vivo,
el puente que me lleva hasta tu puerta
me devuelve la paz de estar contigo
y me transporta a una tierra prometida
a un maná de susurros y de cuentos,
al vértice que marca la sencilla
voluta que te envuelve con su roce,
las idas y venidas de tu cuerpo
y el decirnos te quiero a medianoche.
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