Cuesta abajo te encontré
cuando el año se empinaba
para poder recoger
los segundos que quedaban.
Un año se marchitaba,
una flor resplandecía
entre un día que se iba
y un año que no llegaba.
Gotas de almíbar licuado
en alambique oxidado,
dulce azúcar de los días
hijos de días amargos.
Dos planetas errabundos,
dos estrellas sin destino
dos cruces en un camino
nudo de dos peregrinos
que saben querer a ciegas
que saben querer de veras
que no miden en balanzas
los sueños ni las palabras
venideras.
Soñadores clandestinos
en un libro por abrir
cuento por desentrañar,
novela que comenzar
a vivir.
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