Bloques de piedra,
cárcel de plata,
quién estuviera
preso en tus tapias.
Entre los fuertes
y la alameda,
saltando baches
de acera estrecha.
Un pastelillo
por veinte duros,
tardes de viento,
café con churros.
Un gato pesca
peces de oro,
madres cantando;
café con bollos.
Ríos de gente,
mares de luna,
aguas ardientes,
calles de espuma.
Un barco sube
por las calesas,
cazuela de urta,
papas con lengua;
y entre los fuegos
de un sol dorado,
barcas se mecen,
palmas por tangos.
Un cucurucho
de camarones
me va cantando
viejas canciones
que me despiden
de tu bahía
cuando pensaba
que tú eras mía.
No tienes dueño,
vana ilusión
sólo es un sueño,
blanca prisión.
Gracia serena,
taza encantada
de luz y arena.
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