Entre montañas de sinsabores
hay una pizca de pan con vino;
entre las sombras de los dolores
hay siempre un techo que da cobijo.
Entre las aguas alborotadas
de los caminos desordenados
hay siempre un alba de paz helada
que enfría las frentes de los ahogados.
Entre la escarcha de los olvidos
hay un estrecho calor de hoguera
que funde el hielo de los que fuimos
atormentadas lascas de piedra.
Nunca una noche dura una vida
nunca el invierno eterno resta
siempre en la lágrimas de despedida
hay el comienzo de una vida nueva.
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