Pararrayos de gasa entretejida,
linterna de destellos infinitos;
timón en mis días de zozobra,
almohada de mis sueños suspendidos.
Vertedero de lágrimas furtivas,
aguacero de pasiones aumentadas;
rompeolas de mis fatigas cotidianas
acero de la fuerza de mis días.
Guante de plata de mis manos rotas,
sencillo manto de mis huesos hueros
ungüento suave de mis heridas viejas;
ahuyentador de mis sueños perdidos
cáliz de oro de mis promesas huecas,
mano que me alimenta sin dar ruido;
escudo de mis cuitas y de mis miedos,
espejo en que se miran mis sentidos
colchón de mis pasiones y quimeras.
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